Por Paulina Muhape
Una familia organizaba una Derdeba en esa calurosa noche del 11 del junio en Tánger, Marruecos. La casa se encontraba entre callejuelas laberínticas típicas de las medinas árabes. Íbamos acompañados por Angel Lafuente Laarbi, terapeuta sufi, investigador del trance cinético, músico, miembro de la Hermandad Gnawa.
Derdeba significa danza, tumulto, enloquecimiento, aniquilación del ego ignorando la mente, fuerza de la pureza del Ser sometido a la voluntad de Dios. Presenciaríamos una ceremonia de curación donde la música y la danza jugarían un papel muy importante.
El patio de la casa estaba decorado como si de una boda se tratase, las mujeres atareadas en la cocina, los hombres vestidos con túnicas blancas, recibían a los familiares y vecinos que deseaban participar de esta lila o noche de derdeba. En poco tiempo el patio de la casa estaba rebosante y la procesión que daría comienzo al ritual. Las voces de tierra africana y el ritmo profundo marcado por los tambores y las craqueb (instrumento parecido a las castañuelas) iniciaban una llamativa plegaria. Continuar leyendo ‘Diario de una Derdeba’
















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